Recorriendo un poco algunas páginas de la historia de la humanidad, me encontraba con encarnizadas batallas, libradas entre individuos diversos, entre familias, entre naciones enteras; aquellas guerras de religión libradas por muchos pueblos a través del devenir histórico motivadas por el miedo hacia lo diferente, lo que no se adapta a lo establecido, hacia lo que significa una vía alterna para dirigirse a un camino en común, en aquellos casos la salvación de las almas a través de alguna visión especifica de religión.
De eso ya hace muchos siglos, sin embrago hay una constante que se hizo expresa en aquellos tiempos y que permanece hasta nuestros días, me refiero a la intolerancia. Bien es sabido que las guerras libradas en el medio oriente intentan ser justificadas con el detonante mayor que supone para los fieles la importancia máxima de su existencia, la religión.
Esa constante de intolerancia encuentra su traducción en la agresión hacia los que no suponen pertenecer a tal o cual esquema, religión, tendencia, movimiento o como quiera llamársele, que si no se atiende como es debida encontrara su expresión máxima en violencia que generara mas violencia.
Precisamente hace algunos días gracias a los medios de comunicación pudimos ser testigos de que en muchas ciudades de la República mexicana se ha perseguido, insultado, golpeado y violado derechos de libertad de un grupo de jóvenes autodenominados “emos” por parte de otras tribus urbanas.
Recordemos que por allá de los años 80´s existía un grupo de individuos que se juntaban en las noches para rondar las calles en una camioneta, armados con bates de beisbol y que tenían como misión principal, según ellos, “limpiar a México de la pobreza”, de tal manera que durante sus recorridos cuando encontraban a alguien que creían pobre lo fundían a batazos hasta mandarlo al hospital, como una solución al estigma de marginación y pobreza que inunda a nuestro país.
Todos estos ataques cobardes, justificados en la ignorancia y en la debilidad de los demás. Actos rotundamente condenados, expresiones sin fundamento y sin cabida en una sociedad que mas allá de sus leyes e instituciones debe tener en claro el concepto de tolerancia hacia lo que es diferente, porque bien es cierto que no podemos estar de acuerdo en muchas cosas pero no por eso se tiene derecho a reprimir y violentar los derechos de libertad, de expresión y de vida que cada individuo posee por el simple hecho de ser diferente o no ser participe de lo mismo. Ya cuando se hablaba de defender el pensamiento bien lo decía Juan Jacobo Rousseau “Podré no estar de acuerdo con lo piensas, pero moriría por defender el derecho que tienes de expresarlo”.
Estos actos nos hacen suponer una regresión en el pensamiento del joven mexicano promedio, cuando los grupos intolerantes toman como bandera una supuesta libertad condenando al profundo abismo de la represión otras expresiones juveniles. Más aún cuando no existe argumento alguno.
Pienso que en el momento actual los jóvenes debemos evolucionar nuestro pensamiento y dejar de estar viendo como se viste quien o que hace cada cual, hoy los jóvenes enfrentamos al enorme fantasma de la deserción escolar, ya sea por falta de dinero o por falta de espacios educativos; nos enfrentamos al gigante del desempleo, de la pobreza, la marginación, la inmigración, la desintegración familiar, pero sobre todo al monstruo que representa la ignorancia y la intolerancia inundando todo hacer de la sociedad en general.
Yo invito a la reflexión sobre el tema, no soy participe de ninguna tribu urbana o alguna otra agrupación, pero si soy participe de construir un México libre, justo y fuerte, e indiscutiblemente, en esto, la tolerancia juega un papel preponderante.
Es momento de crecer y superarnos para ser mejores.
De eso ya hace muchos siglos, sin embrago hay una constante que se hizo expresa en aquellos tiempos y que permanece hasta nuestros días, me refiero a la intolerancia. Bien es sabido que las guerras libradas en el medio oriente intentan ser justificadas con el detonante mayor que supone para los fieles la importancia máxima de su existencia, la religión.
Esa constante de intolerancia encuentra su traducción en la agresión hacia los que no suponen pertenecer a tal o cual esquema, religión, tendencia, movimiento o como quiera llamársele, que si no se atiende como es debida encontrara su expresión máxima en violencia que generara mas violencia.
Precisamente hace algunos días gracias a los medios de comunicación pudimos ser testigos de que en muchas ciudades de la República mexicana se ha perseguido, insultado, golpeado y violado derechos de libertad de un grupo de jóvenes autodenominados “emos” por parte de otras tribus urbanas.
Recordemos que por allá de los años 80´s existía un grupo de individuos que se juntaban en las noches para rondar las calles en una camioneta, armados con bates de beisbol y que tenían como misión principal, según ellos, “limpiar a México de la pobreza”, de tal manera que durante sus recorridos cuando encontraban a alguien que creían pobre lo fundían a batazos hasta mandarlo al hospital, como una solución al estigma de marginación y pobreza que inunda a nuestro país.
Todos estos ataques cobardes, justificados en la ignorancia y en la debilidad de los demás. Actos rotundamente condenados, expresiones sin fundamento y sin cabida en una sociedad que mas allá de sus leyes e instituciones debe tener en claro el concepto de tolerancia hacia lo que es diferente, porque bien es cierto que no podemos estar de acuerdo en muchas cosas pero no por eso se tiene derecho a reprimir y violentar los derechos de libertad, de expresión y de vida que cada individuo posee por el simple hecho de ser diferente o no ser participe de lo mismo. Ya cuando se hablaba de defender el pensamiento bien lo decía Juan Jacobo Rousseau “Podré no estar de acuerdo con lo piensas, pero moriría por defender el derecho que tienes de expresarlo”.
Estos actos nos hacen suponer una regresión en el pensamiento del joven mexicano promedio, cuando los grupos intolerantes toman como bandera una supuesta libertad condenando al profundo abismo de la represión otras expresiones juveniles. Más aún cuando no existe argumento alguno.
Pienso que en el momento actual los jóvenes debemos evolucionar nuestro pensamiento y dejar de estar viendo como se viste quien o que hace cada cual, hoy los jóvenes enfrentamos al enorme fantasma de la deserción escolar, ya sea por falta de dinero o por falta de espacios educativos; nos enfrentamos al gigante del desempleo, de la pobreza, la marginación, la inmigración, la desintegración familiar, pero sobre todo al monstruo que representa la ignorancia y la intolerancia inundando todo hacer de la sociedad en general.
Yo invito a la reflexión sobre el tema, no soy participe de ninguna tribu urbana o alguna otra agrupación, pero si soy participe de construir un México libre, justo y fuerte, e indiscutiblemente, en esto, la tolerancia juega un papel preponderante.
Es momento de crecer y superarnos para ser mejores.
Willy Arturo Hernández Alcocer.
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