China

Todo mundo sabe o ha escuchado que China es una de las economías con más crecimiento en el mundo pero, ¿Ese crecimiento es real? ¿Cómo es que China lo logró?
Primero hay que indagar un poco en la historia China: Entre 1949 y 1978 el régimen comunista privó al país, en gran medida, del comercio internacional. La empresa privada estuvo prohibida durante ese periodo y cualquier persona que tuviera éxito personal era sospechosa de prácticas ilícitas; muchos funcionarios y directivos fueron obligados a trabajar en el campo.
En 1978 el Partido Comunista decidió abrir las puertas tanto al comercio internacional como a la empresa privada nacional. Desde esta año la economía china ha crecido a tasas de un promedio de 10%. Muchos economistas opinan que el crecimiento chino nunca sucedió, argumentando que existen evidencias de que las estadísticas chinas subestiman la inflación y valoran en exceso el crecimiento real. Los que están a favor de la existencia del crecimiento chino argumentan que su éxito se debe a que este país asiático ha tenido una tasa de ahorro muy alta, aproximadamente del 30% de su PIB, ocasionando una rápida acumulación de factores productivos, típica situación presente en los países que se han desarrollado.
Numerosos estudios han demostrado que el “boom” de las industrias en las ciudades chinas ha contribuido a la enorme inmigración del campo a la ciudad; ocasionando un deterioro al sector agrícola, el cual ayudó a financiar a las grandes fábricas urbanas. Las opiniones se dividen de nuevo al tratar de predecir si China podrá o no seguir creciendo a ese ritmo: Están los que creen firmemente en que China se convertirá en la primera potencia mundial en el 2030 y están los que afirman que China no podrá seguir creciendo a ese ritmo debido al daño de su sector agrícola y a la corrupción de los funcionarios del gobierno. Sea cual sea el futuro de la economía China, no puede negarse que sigue siendo líder en exportaciones y que cada día ejerce más presencia internacionalmente, ya sea con sus costumbres o con el idioma, el cual ha sido considerado como el “idioma del futuro”, ¿verdad o mentira? sólo el tiempo lo dirá.


Francisco Javier Rebolledo Ortiz

¡Qué Viva México, el malinchismo y las reformas!

Hace seis meses emprendimos este proyecto, muchos sin ni siquiera conocernos compartimos el interés por expresar nuestras opiniones y fue así como de inmediato comenzamos a buscar la forma de encontrar un espacio de entre millones. Un agradecimiento a todos aquellos lectores que han seguido a este proyecto desde su formación.
Después de esta pequeña introducción me permito comenzar con mi artículo mensual. En este mes patrio las calles se llenan del tricolor de la bandera, por todas partes se venden lavaros patrios manufacturadas con materia prima traída de china (este no es un artículo de exportaciones solo pensé que era de mencionarse), y muchas personas por única vez en el año se sienten orgullosas de ser mexicanas, esperando solo un poco de tiempo para ir a fiestas de “halloween” para disfrazarse de espantajos estadounidenses.
¿Por qué solo una vez el año? Esta bien, posiblemente también nos sintamos orgullosos el día de la constitución, que no sabemos que dice pero es nuestra carta magna; el día de la bandera, quien no recuerda cuando en la primaria hacían el desfile de banderas a lo largo de la historia; el natalicio de Benito Juárez que coincide con el solsticio de primavera; el 20 de Noviembre, por que es el día en que todas las secundarias y preparatorias hacen gala de las facultades deportivas de sus alumnos y compiten por ver quien tiene la mejor banda, aunque el resultado siempre es el mismo de cualquier manera. En fin, un sin número de fechas que desconozco pero que la mayoría adoramos por que hay suspensión de labores desde los niveles más básicos hasta los posgrados.
El progreso que ha visto nuestro país, que algunos no conocen (entre los cuales me incluyo.) se ha visto ensombrecido por la ignorancia, la pereza, la irresponsabilidad, como esperar avanzar si ni siquiera hacemos un esfuerzo por ver los recursos que poseemos, las oportunidades que se nos presentan a gran escala; tenemos todo para ser una gran potencia: tierras fértiles, plantíos extensos ¿Qué esperamos? ¿Seguir dependiendo de lo que nos envían desde el extranjero? En la actualidad, los jóvenes estamos más interesados por ocupar cargos lucrativos para ganar mucho dinero y poder salir de las condiciones en las que nos encontramos, sean buenas o malas, “el chiste es ganar mucha lana, aunque sea haciendo algo que no me gusta”. La verdad es que con un poco de mejor administración y un mayor interés por el campo mexicano es suficiente para poder lograr un pequeño avance y dejar de hablar de “reformas” que la reforma energética, que la reforma telefónica, que la reforma educativa; reformas, reformas, reformas que no se pueden dejar de contar desde el arribo de Calderón.
Los jóvenes tenemos que poner los ojos en los recursos naturales que tenemos y con planes a futuro irlos desarrollando poco a poco; no dejar que extranjeros vengan y se apropien de todo lo que tenemos, por que al fin y al cabo nos pertenece, hay que estar abiertos a los tratados de libre comercio pero no dejar que solo las importaciones llenen los anaqueles de los supermercados, “por que esta barato”, al final nos va a salir más caro, pues dejaremos de gritar “¡Viva México!” y nuestra independencia pasará a celebrarse justo al calor del verano.


Daniel Ramírez Martínez

¿Dónde está la patria que queremos?

Septiembre es llamado el mes de la patria, son días de fiesta a nivel nacional, en cada palacio de gobierno a lo largo y ancho del territorio se celebrara el grito de independencia, rememorando aquel 16 de septiembre en Dolores, Hidalgo, donde el cura se proclamara a favor de la emancipación criolla sobre la subordinación peninsular. Definitivamente este es un acontecimiento importante en los anales de la historia nacional, aquella que como nos han dicho, delinea el perfil del mexicano del siglo XXI, de tal modo nos encontraremos con centros históricos repletos de adornos, banderas, figurines, pines, sombreros y por supuesto las figuras monopolizadoras de poder, que son muy bien representadas por los regentes de cada ciudad, Estado y del país mismo. Escucharemos discursos llenos de palabras hermosas dirigidas hacia los héroes que nos dieron patria y libertad, seremos invitados a seguir consolidando la “democracia” que tanto nos ha costado y, al día siguiente muchos despertaran con una resaca bastante pesada, los noticieros nos volverán a la realidad bombardeándonos con la nota roja de tantos y cuales muertos en diversas entidades del país y por otro lado una serie de tonterías carentes de contenido, como los chismes, la moda, los autos y todas aquellas cosas a las que deberíamos aspirar y que ¿realmente necesitamos para ser felices?.
No obstante ¿conocemos realmente el pensamiento de Hidalgo? ¿Sabemos de los hechos históricos que enmarcan aquel periodo? Sería importante que todos los mexicanos conociéramos a conciencia el planteamiento, desarrollo y culminación de los procesos históricos en nuestro país, basados en los hechos y no en lo que nos dicen que debemos pensar, sin embargo esta reflexión no apunta a aclarar el carácter Fernandista del cura Hidalgo. Esta es una reflexión sobre la patria en la que nacimos, hemos crecido y en la que muchos queremos que existan condiciones diferentes en la sociedad, donde la democracia sea una forma de vida, donde la educación juegue un papel importante, donde los hijos de la patria no se vean humillados por la pobreza, la marginación, la ignorancia y el crimen organizado que esta presente en este país.
Porque el discurso manejado desde 1810, pasando por la Reforma y la “Revolución” de 1910, hasta nuestros días es uno de carácter patriotero, que no se interesa por los muchos y que ha estado siempre del lado de los pocos que han explotado y vejado desde la conquista a los que menos tienen, a los desprotegidos y a los desposeídos. Porque un discurso con fondo y forma es construido desde los hechos, desde la realidad, y la realidad de México es que fuimos y seguimos siendo explotados por aquellos que detentan el poder económico, político e ideológico y han jugado con la esperanza y las aspiraciones del pueblo mexicano. Porque en México es un privilegio asistir a la universidad, porque en México es un lujo estar enfermo, porque en México, el campo está rezagado desde hace mas de 40 años, porque en México tenemos maestros que sacan cuatro aciertos en sus exámenes, porque en México la sociedad se manifiesta en contra de la delincuencia y no pasa nada, porque en México se juega a que existe la democracia.
El patrioterismo del que se han servido las clases dominantes nos mantiene pasivos sin dirigirnos a ninguna parte, sin educación, sin progreso, sin crecimiento económico, sin memoria sobre los hechos que nos han traído hasta el momento actual esperando al eterno mesías que ha de resolver todos los problemas en cinco minutos; ese patrioterismo esta plagado de infantilismo político.
La patria no la han hecho aquellos que aparecen en los libros de historia, que más que héroes, en muchos de los casos deberían ser mártires, por haber sido derrotados. La patria ha sido hecha por los desprotegidos, por los sectores populares, por la gran mayoría de la población. Hoy día es hecha por todos lo que se levantan a temprana hora para trabajar a cambio de un salario que le permita sobrevivir, por aquellos que caminan horas para asistir a la escuela, por aquellos que no se han puesto de rodillas ante las imposiciones extranjeras.
Humboldt decía que: “México es el país de las desigualdades…” y podemos asegurar que lo sigue siendo, mientras no exista un sentimiento realmente nacional que no nos divida entre los del norte, los del centro y los del sur, donde los encargados de hacer política no se peleen por los “huesos”, luchen por los intereses de la población y no por sus carreras personales, mientras continuemos queriendo vivir “el sueño americano” extranjerizándonos, así que el próximo 16 de septiembre y todos los días que nos despertemos frente a esta realidad preguntémonos: ¿Dónde está la patria que queremos?



Willy Arturo Hernández Alcocer

MOVAMOS (E ILUMINEMOS) MÉXICO

Después de haber dedicado 5 publicaciones a exponer el proyecto en su forma teórica, con el fin de fijar los supuestos bajo los cuales deberíamos trabajar para cambiar (en algo) la situación de nuestro país, desde mi escuela hasta el sistema político, ahora es momento de empezar con las medidas, en cierta parte, prácticas, que podemos realizar si queremos que esto suceda, que de verdad tengamos un cambio –no tanto cuantitativo, sino cualitativo –.
Así, en primer lugar, debemos recordar lo mencionado en la primera parte de este proyecto, aquél lejano escrito de democracia, que tan aburrido parece hoy; y no tanto recuperar ideas centrales de dicha noción, como representatividad, función pública, responsabilidad, etc., o autores como Montesquieu, Stuart Mill y otros, sino que me interesa más, en este momento, rescatar la importancia que tiene la actividad, la función activa en la política.
Si bien no aparece de modo claro, y si más bien oculto y subrepticio, debemos entender que el quehacer político, esto es, involucrarse de veras a estudiar, analizar y reflexionar sobre el fenómeno de la política, es precisamente eso, un quehacer constante, lo que implica actuar y preocuparse por el alrededor inmediato.
Cuántas veces no hemos escuchado en algún café, una plática o dentro del aula, que cualquiera tiene las respuestas que moverían México, las propuestas que al legislador le hacen falta, y un plan de acción que bien le convendría a nuestro gobernador; cuántas veces, al preguntarles del por qué no llevarlas a cabo, fácilmente esquivan su responsabilidad, y argumentan que ellos no son los políticos, que no es su chamba, y hasta podrían preguntar ¿y yo por qué?
Bien podemos utilizar el dicho de Platón: todos, por mínimo que sea, tienen algún comentario sobre la política, o al decir de Descartes, la política es la cosa mejor repartida entre los hombres (conste que no son citas); ¿pero por qué dejar la tarea única y exclusivamente a nuestros representantes, si sabemos, muchas veces, de la condición con la cual llegan a la función pública? ¿Por qué hacerlo si es por el bien de todos, para que vivamos mejor?
La política, en el sentido de un fenómeno socializante, que se encarga de generar las condiciones idóneas para la vida en grupo, no únicamente representado desde los órganos estatales, sino también desde los que no despeñan un cargo público, implica necesariamente, acción: no podemos concebir hablar de política, y querer entrar en ella, si somos apáticos, indiferentes, inactivos. Pero señalemos las objeciones que, podrías tener ya en mente lector: la política no tiene que ser, como única vía, partidista: se puede hacer política sin tener la camiseta de algún partido político, pues ellos son la condición básica para el sistema electoral, y todas sus implicaciones, pero no determinan totalmente el quehacer político; una segunda objeción podría surgir respecto a aquellas actividades, de esencia política, que se cree son las únicas realizables: votar en las elecciones, afiliarse a algún grupo político, renovar la credencial expedida por el IFE, etc.; desde luego que son fundamentales, pero ¿son las únicas?
Actuar, interesarse por hacer algo diferente, debe ser la nueva mentalidad que, como jóvenes (en el sentido orteguiano), debemos impulsar desde nuestra trinchera. Sentarse cruzado de brazos, dejar que otros decidan por mí, en fin, convertirse en hombres-masa, nunca será la solución; ¿qué hacer con tanto estudiante, tantas personas que pasan la vida sin preocuparse por el porvenir, sin procesos de metacognición que los hagan darse cuenta de algo? No queda más, tal como sugirió Aristóteles, que enseñarles, pero no con teorías, doctrinas y problemas, sino mediante el ejemplo: para conocer la virtud, debemos hacer actos virtuosos.
De esto, no puedo mencionar más; queda, ahora, que cada quien asuma su puesto, su rol, y que genere una reacción en cadena, que mueva poco a poco la juventud mexicana, para impulsar posteriormente nuestra sociedad: hagamos despertar del aletargamiento nuestro grupo social, y que el motor de movimiento sea la política, no la que nos presentan los medios de comunicación, sino en el sentido más amplio, como un fenómeno de implicaciones sociales. Hacer, no prometer.


Jesús Alberto Islas Aguilera