Mucho se ha hablado, reflexionado sobre la inequidad de género, no debemos olvidar que esto es algo que venimos cargando desde tiempos muy remotos; vivimos todavía en un mundo en donde la mujer continua siendo presa de las injusticias del sistema y sobre todo de los procesos culturales, psicológicos y la historia, en pocas palabras aquello a lo que denominamos civilización, no obstante, podemos decir que no todo es de color negro puesto que hoy en día se cuenta con mayores oportunidades y derechos que respaldan a la mujer. En el siglo XX y en los tiempos actuales se ha tomado conciencia e interiorizado en esta gran problemática y gracias a importantes representantes y pensadoras se han librado grandes batallas, obteniendo beneficios provechosos y satisfactorios para la colectividad femenina.
La desigualdad que padece la mujer en los distintos ámbitos de la vida no se debe a la biología ni a la anatomía; como diría Rosario Castellanos es por la larga tradición cultural del sometimiento, sometimiento que va degradando y minimizando el papel de la mujer, lo dosifica y trata de hacer invisible su trabajo para no representar una amenaza a la estructura patriarcal.
No se trata con esto que pensemos que el hombre en su mayoría es el único enemigo con su forma de actuar, su mentalidad y prejuicios, a veces nosotras mismas lo somos al quedarnos calladas, estáticas o ignorando las cosas que pasan a nuestro alrededor. Lo que en esencia debe ser un trabajo en conjunto, promover una cultura en donde ambos cooperen por el éxito, no dejar a la mujer rezagada ya que, se ha visto es una pieza clave para el enriquecimiento dentro de la sociedad y es en gran medida gracias a ellas que se ha practicado y puesto en marcha el concepto de equidad así como los procesos de cambio. No sólo es reconocer y respetar los derechos de las mujeres sino de alcanzar mejoras para vivir en un ambiente de justicia que al fin y al cabo termina beneficiando a todos dentro de la sociedad.
La mujer en vez de estar estática debe ser un ser humano en constante movimiento y libertad, quitar todos los demonios de la ignorancia, la marginación, el engaño; plantearse la idea de que ya no estamos en los
tiempos en donde se nos estructuraba para la espera, esa eterna espera. Debemos cambiar de dirección y ser hacedoras de la vida que se nos presenta, tomar las cosas, no dejarlas pasar, sino proponernos los objetivos que sabemos harán de nuestras vidas, unas vidas productivas, unas vidas de calidad.
En la actualidad un gran porcentaje de mujeres ingresan a las universidades, personas capaces y con la iniciativa de salir adelante, estos son los momentos cuando la mujer continúa en su lucha por la independencia económica y una educación encaminada a la autonomía; un trabajo que no debe ser detenido más bien, admirado y apoyado; tomar en cuenta la participación política, social, económica, científica y artística de la mujer. Consolido y vuelvo a reiterar, no es desplazar al hombre de sus responsabilidades ni de su labor sino una cooperación de ambas partes, una sociedad más justa y donde se pueda vivir con mayores oportunidades para la que es profesionista, trabajadora, ama de casa, madre, estudiante, empresaria y un sin fin de nombres que se podrían agregar a esta lista.
La desigualdad que padece la mujer en los distintos ámbitos de la vida no se debe a la biología ni a la anatomía; como diría Rosario Castellanos es por la larga tradición cultural del sometimiento, sometimiento que va degradando y minimizando el papel de la mujer, lo dosifica y trata de hacer invisible su trabajo para no representar una amenaza a la estructura patriarcal.
No se trata con esto que pensemos que el hombre en su mayoría es el único enemigo con su forma de actuar, su mentalidad y prejuicios, a veces nosotras mismas lo somos al quedarnos calladas, estáticas o ignorando las cosas que pasan a nuestro alrededor. Lo que en esencia debe ser un trabajo en conjunto, promover una cultura en donde ambos cooperen por el éxito, no dejar a la mujer rezagada ya que, se ha visto es una pieza clave para el enriquecimiento dentro de la sociedad y es en gran medida gracias a ellas que se ha practicado y puesto en marcha el concepto de equidad así como los procesos de cambio. No sólo es reconocer y respetar los derechos de las mujeres sino de alcanzar mejoras para vivir en un ambiente de justicia que al fin y al cabo termina beneficiando a todos dentro de la sociedad.
La mujer en vez de estar estática debe ser un ser humano en constante movimiento y libertad, quitar todos los demonios de la ignorancia, la marginación, el engaño; plantearse la idea de que ya no estamos en los
tiempos en donde se nos estructuraba para la espera, esa eterna espera. Debemos cambiar de dirección y ser hacedoras de la vida que se nos presenta, tomar las cosas, no dejarlas pasar, sino proponernos los objetivos que sabemos harán de nuestras vidas, unas vidas productivas, unas vidas de calidad.
En la actualidad un gran porcentaje de mujeres ingresan a las universidades, personas capaces y con la iniciativa de salir adelante, estos son los momentos cuando la mujer continúa en su lucha por la independencia económica y una educación encaminada a la autonomía; un trabajo que no debe ser detenido más bien, admirado y apoyado; tomar en cuenta la participación política, social, económica, científica y artística de la mujer. Consolido y vuelvo a reiterar, no es desplazar al hombre de sus responsabilidades ni de su labor sino una cooperación de ambas partes, una sociedad más justa y donde se pueda vivir con mayores oportunidades para la que es profesionista, trabajadora, ama de casa, madre, estudiante, empresaria y un sin fin de nombres que se podrían agregar a esta lista.
Yéssica Lozada Pastoressa
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