ÉTICA DEL PRÓJIMO (PRÓXIMO)

¿Cómo cambiar México? ¿Cómo dejar de ser un país “de tercer mundo” y pertenecer realmente a una élite que garantice mejores condiciones de vida para todos y cada uno de sus habitantes? Sin duda que se trata de preguntas que debemos responder, y más que formular únicamente una posible solución, debemos afrontar el compromiso que implica pertenecer a un tiempo y una época que nos reclaman –a gritos, muchas veces – pensar en el otro, en el que está al lado.

 

Cambiar México, en el sentido de darle un impulso diferente y hacer otra la mentalidad del mexicano respecto a su vida, su ámbito social y su participación con los demás, implica reconocer nuestro sistema, nuestra situación respecto a otras naciones y el cambio de marcha en muchas de las nociones que asociamos generalmente con el quehacer político, tarea (que ya he señalado) no es exclusiva de unos cuantos, sino de todos; sin embargo, después de aclarar algunos de estos puntos en publicaciones pasadas, queda aún un vacío para la pregunta ¿qué debo hacer?

 

Sin duda que no ha quedado establecido el parámetro de acción que tenemos cuando hemos puesto en cuestión el sistema democrático, la noción de modernidad, el papel del joven en la política, etcétera, aunque ya anticipé [ver Movamos (e Iluminemos) México] que cualquier cambio lleva implícito el hacer, y por tanto, dejar la responsabilidad al otro es formar parte de la bola, del pueblo raso y del hombre-masa que pregonaba Ortega y Gasset; tenemos que actuar: eso es cierto; pero, ¿qué debo hacer?

 

Al realizar esta pregunta, más que esperar una respuesta enunciativa y limitativa de acciones, propuestas o mandamientos, estamos en un terreno, por demás pantanoso, que en términos filosóficos nos obliga a ir al campo de la ética; ¿qué debo hacer?, como aparece en la Lógica de Kant, nos lleva indudablemente a cuestiones éticas, morales y hasta religiosas, de donde debemos –otra vez el “debe” – preguntar por la categorización del término “ética”.

 

La ética, a diferencia de lo moral, lleva a planteamientos un tanto más abstractos y generales, que en lugar de enumerar cada una de las acciones a realizar –recuérdese el Decálogo – sólo establece principios desde los cuales podamos juzgar nuestros actos; así, habrá que delimitar también el tipo de ética a pensar, de acuerdo a nuestro planteamiento inicial (cambiar nuestra ideología, nuestro país), de donde resulta que no será una ética de corte religioso, salvífica o puramente formal (al modo kantiano), sino (aventurándome al término) una “ética política”.

 

Esta ética política, en lugar de preocuparse por los problemas que aquejan a los inundados en el sur del estado, o los pobres de tal o cual zona, debe preocuparse fundamentalmente por el prójimo: y el prójimo no es más que el próximo, exactamente el que tenemos a un lado de nosotros. ¿Qué debo hacer, pues? Regirnos bajo este principio, generalísimo, de no querer realizar imposibles, de tratar de cambiar al México de la frontera norte o la frontera sur, sin antes empezar por cambiar nuestro entorno, propiciando acciones que beneficien a nuestros compañeros, a nuestros familiares, vecinos, conciudadanos; esta ética, un tanto ajena a nuestra mentalidad, pues todo se basa bajo el principio “el que no transa, no avanza”, implica actuar con-el-otro, un ejercicio de responsabilidad y, sobre todo, de sociabilidad.

 

Cambiar implica actuar; actuar, ya vimos, resulta indispensable, y este actuar debe estar regido bajo una norma general, venida desde la ética en la que nos comprometamos no sólo con nuestro país, sino con el que comparto el aire, con el que lloro mi desgracia y con el vivo mis alegrías; y generar este pensamiento en cada uno de nosotros puede, realmente, cambiar el país. Compromiso, compromiso.

Jesús Alberto Islas Aguilera

1 comentario:

Anónimo dijo...

te felicito cada mes cumples el compromiso en este blog,¡bién !