HACIA UNA NOCIÓN DE LA POLÍTICA ANALÓGICA

La pasada publicación trabajamos acerca del tema de la política y la juventud, es decir, de cómo nos enfrentamos como población juvenil a los temas de la política y de lo político. Sin embargo, debo reconocer como autor que debería de haber publicado este ensayo que ahora redacto antes del “Política y Juventud: ¿dónde nos situamos?”, ya que necesitamos establecer primero qué entenderemos por política para después comprender de mejor manera su relación con la juventud.

De este modo, descubrimos ahora el propósito de este nuevo ensayo: analizar un poco más las nociones de política para poder llegar a establecer un concepto de política que favorezca el desarrollo posterior de estas pequeñas lecciones contenidas en Proyecto Amateur.

Generalmente (sin tratar de llegar a establecer un siempre o un todos), escuchamos y utilizamos la palabra política con cierto halo de perversidad, negatividad y pensando siempre en el acontecer diario que nos muestran los medios de comunicación masiva; política, pues, se relaciona inmediatamente con juegos de poder, intereses de los particulares (llámense representantes o funcionarios gubernamentales) y actividades que, lejos de beneficiar a la comunidad estatal, la sumen en ignorancia, pobreza y desigualdad.

De esto ya había tratado en la segunda publicación, así como de las respuestas a la crítica de esa misma publicación (ver Por qué México no es moderno hoy). Sin embargo, hasta aquí me había quedado. Ahora, desarrollaré un poco más estas ideas tratando de unificar criterios que aparecen en valiosísimas obras de ciencia política y filosofía que han escrito eminentes pensadores. No trato, pues, de exponer acá una nueva doctrina respecto al quehacer político y sus múltiples manifestaciones en el ámbito social, sino solamente una nueva forma de concebirla por parte de nosotros como jóvenes estudiantes (seamos de bachillerato, universidad o profesionistas) e interesados en la superación constante de nuestra nación.

De este modo, analicemos ahora lo que nos depara nuestra tarea. Ya vimos, líneas arriba, la significación negativa y peyorativa que tiene la política en la vox populi. Pero pongámonos en otra posición: ¿qué piensan los estudiosos de la teoría política, y de la filosofía aplicada al respecto? ¿Tendrán la misma connotación oscura de la política, y aún así, siguen trabajando con cuestiones que atañen a lo político? ¿Los politólogos, los mismos representantes y funcionarios, serán mal vistos por sí mismos? Creo, y podría asegurar algunos casos, que claramente no pueden tener una concepción de sí mismos de modo negativo y perjudicial, ya sea por razones éticas, de autoestima (palabrita que poco me gusta) o por que ellos tienen otra visión del término política (situación que nos interesa en este ensayo).

¿Cuál es, entonces, dicha concepción? Podríamos tomar cualquier libro que hable de política, hecha por un politólogo o un filósofo político y nos bastarían las definiciones ahí encontradas para descubrir el lado positivo que ellos ven (y me incluyo dentro de ese grupo optimista) respecto a lo que nos ocupa.[1] Pueden hablarnos del poder como potentia inicialmente, para pasar a una potestas y cuestiones óptico-políticas de similar índole, cuestión que por su complejidad, oscurecería el nítido fin que persigo en este ciclo.

¿Cómo pueden coexistir dos visiones diferentes respecto a un mismo término? No podemos apelar por una interpretación unívoca, es decir, apoyando una sola visión de la política y desechando la otra; tampoco, pues, podemos apoyar una definición equívoca, i.e. asegurando que ambas posiciones son válidas en su contexto, pero las dos erróneas; la innovación, si algo tuviere, sería en afirmar que la noción de política, con la cual trabajaremos y que puede abrirnos una nueva vía de comprensión para este estudio, resultará de concebir a la política como analógica, es decir, una idea proporcional que medie entre una concepción negativa, sin tirar únicamente hacia ese lado, ni tampoco ponderando la visión positiva, puesto que no todos logran apreciar la versatilidad y ventajas que brinda la política. La analogía, en tanto, nos hace oscilar pendularmente sin perder por ello el equilibrio, buscando siempre ese justo medio, que en última instancia, corresponde de lleno a lo que pretende la política, esto es, moverse entre los ricos y los pobres, los representantes y los representados, el gobierno y el pueblo, lo ideal y lo real, sin ir siempre a un mismo lado, pero buscando a toda costa, el beneficio al desamparado.

Jesús Alberto Islas Aguilera

[1] Acabo de revisar, con premura y entusiasmo (pues debo confesar que era un regalo que debía yo dar), un libro de Enrique Dussel, que incitó sobremanera la elaboración (y apología) de lo que ahora lees, lector.

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