DE EDUCACIÓN Y OTROS CUENTOS

Es curioso encontrar, de repente, ciertas coincidencias que parecen asombrosas, y que suponen la existencia de orden prefijado, predeterminado, y hablando vulgarmente, un destino al cual estamos condenados todos, sin escapatoria, resultando, pues, trágica la vida.
Y nombro esto ya que la serie de artículos que he publicado ya en Proyecto Amateur, aún pareciendo inconexos, y de temas diversos, tienen cierta coherencia y un plan que he fijado desde el primer momento. Así, mis primeros cuatro escritos, junto con este, pueden considerarse la parte estructural, si se quiere, teórica, para pasar a problemas prácticos, es decir, poder aplicar la serie de conceptos e ideas fundamentales que he venido trabajando. Y los artículos tienen un ¿para qué?: esbozar un esquema, un proyecto, para cambiar México, desde nosotros como jóvenes, pero que no se quede en un discurso partidista, en una promesa sin cumplir o palabras vacías, sino con un verdadero modelo al cual seguir, y que le vienen de maravilla las aportaciones de muchos más.
Y ese destino me ha puesto ahora aquí: tenía fijado, desde hace días ya, el tema de mi siguiente publicación, y resulta que es un tema de tal actualidad que no hace mucho venía yo platicando de él con mi papá. Precisamente el motivo de la incorporación del Modelo Educativo Integral y Flexible (MEIF) a la facultad de Derecho (tanto en el Sistema Escolarizado como en el Abierto, del cual formo parte) de la Universidad Veracruzana sirvió para comentar temas relacionados a la educación.
Si bien es cierto que hasta el día de hoy existen grupos a favor de dicha incorporación, otros más en contra, y algunos que no han manifestado su postura, lo cierto es que el tema de la educación, y el problema que representa la no actualización y el déficit que tenemos en ese rubro, debe ser materia de un cuidadoso análisis. No argumentaré recurriendo a libros de educación y pedagogía, o recordando la paideia griega, la escolástica medieval o las universidades renacentistas, sino la problemática actual que atraviesa nuestro país.
Como jóvenes, cae en nosotros la responsabilidad de mejorar nuestro entorno estudiantil, ser competitivos y echarnos en hombros a la escuela misma; no se trata únicamente, como muchos manifiestan (más bien para salirse por la puerta fácil), de los maestros, el plan educativo y los gobernantes, los políticos que aprueban ciertos modelos y de los cuales somos nosotros conejillos de indias. Nada tan falso como eso. Y es que en la educación juega un rol muy importante tanto el educando como el maestro, es decir, existe cierta dialéctica activa que funciona más bien a un lado, más bien al otro.
Pero, desgraciadamente, en México es más fácil quitarse responsabilidades y culpar a otro de nuestro fracaso, de nuestros errores. Es una realidad la gran cantidad de jóvenes que no ingresan a la UV (este año les fue bien a 1600 estudiantes), pero podemos preguntarnos: ¿el futuro de la educación superior de un joven depende única y exclusivamente de ese examen? Aunque evalúan sólo las respuestas contenidas en dicha prueba, el proceso para llegar hasta ahí ha sido arduo, difícil y constante, y por lo tanto, un alumno bien preparado, no de tres días antes del examen, sino de una formación completa e integral, no debe tener mayores problemas.
Se me puede acusar ahora de ser capitalista, burgués, parte del Sistema, etc., pero creo que la crítica no tendría que ir por ahí. No lo es todo la escuela, pero mientras tanto, llevamos más años de nuestra vida ahí que en cualquier otro lugar. Preocupémonos por ella, y no se trata de pintarla de rojo, azul o amarillo; se trata de entrar de lleno a sus problemas, a formarnos como jóvenes líderes, competitivos y eficientes: no es cumplir con todas las tareas, sacar excelentes calificaciones, pues se estaría confundiendo los efectos con las causas. Cuando alguien hace bien las cosas, cuando se apasiona por ellas y emplea sus fuerzas disponibles para cumplir sus objetivos, los resultados (sean calificaciones, reconocimientos, honores) vienen solos y culminan una obra que, al igual que el iceberg, sólo vemos la punta.
Exijamos a nuestros maestros a que sean mejores, a que planteen sus clases de un modo novedoso para alumnos que lo reten intelectualmente; exijamos a los directores a estar al pendiente de su facultad, de sus alumnos y el profesorado, con tal de tener un alto nivel de calidad; exijamos a los líderes sindicales más clases, menos días de huelga y un mayor compromiso con su trabajo, por que al igual que ellos, nosotros estudiantes desempeñamos un actividad; exijamos a los políticos mejores planes educativos, un mayor apego a sus funciones y un pacto con la comunidad estudiantil que es el presente futuro del país; exijamos a nuestros gobernantes seriedad, certeza y garantía de la educación, no sólo con palabras, sino con hechos. No exijamos con reclamos, sino obrando, haciendo, mejorando nosotros, desde las aulas, el nivel de educación en México que es la luz que nos guiará a una verdadera revolución.

Jesús Alberto Islas Aguilera

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