POLÍTICA Y JUVENTUD: ¿DÓNDE NOS SITUAMOS?

Recuerdo todavía aquél sábado por la mañana en que el Lic. Eugenio Bruno López Ortiz me preguntaba, durante su programa radiofónico, acerca de la visión que tenemos los jóvenes acerca de un gran número de temas y problemáticas que a diario leemos y escuchamos. Y surgió una pregunta muy específica: ¿cómo vemos, desde nuestra juventud, la política? Antes de apresurarme y contestar lo primero que se pudiera venir a mi entendimiento, intenté reflexionar un poco y después expresé mi punto de vista. Pero la duda continuó más allá de los minutos que transcurrieron posteriormente: ¿cómo es apreciada la política desde la óptica del joven? Desde luego, no existe una respuesta única ya que generalizar es caer en un error; la respuesta tendría que tener ciertos matices que pudieran exponer desde los polos hasta el centro, desde la periferia hasta el cenit.

Así, con la cabeza un tanto más fría y sin la prisa característica de los programas de radio y televisión, quiero exponer algunos puntos que podrían, no definitivamente, intentar proponer una solución a esta interrogante. En primer lugar, puedo mencionar que, por algunas charlas que he tenido a lo largo de mi vida estudiantil, percibo por un gran sector, un cierto rechazo y sobre todo, apatía hacia la actividad política, tal como se entiende comúnmente. Detallaré más adelante lo referente a esta cuestión. Otra postura adoptada por los jóvenes es la de aquéllos fervientes correligionarios que desde temprana edad, pertenecen ya a las filas de alguna organización, ya sea asociación civil o partido político, y que siguiendo sus instintos o fieles a sus convicciones, saben cuál será su futuro en este juego; una tercera vía la podemos configurar en aquéllos quienes aceptan la política tal cual está, prefiriendo no opinar y afirmar que la gestión realizada por nuestros gobernantes va por buen camino: como notarás lector, podría este tercer grupo asemejarse mucho al primero, y estarías en un acierto; no obstante, tendrían diferencias importantes que señalaré el siguiente párrafo. Y finalmente, encontramos como otra postura (y reitero, no es una lista exclusiva, sino la cual puede seguir aumentando gradualmente) a la de aquellos que no aceptan de inicio cuanto escuchan de la política, posición que podríamos llamar crítica, y que pretenden, de alguna forma, propiciar un cambio, sea a favor o en contra.

Y podría seguir enumerando más actitudes a la cuestión que me habían planteado. Sin embargo, creo conveniente analizar un poco la primera postura. Y es que se trata de la peor solución que se le puede dar al problema, es decir, el mostrarse indiferente, apático, puesto que la vida política (y no significa que a todos nos deba interesar la política, ni mucho menos) es, antes que teórica o contemplativa, práctica y activa. Por lo tanto, el mostrarse inactivo representa una contradicción si de verdad se interesa alguien por el avance de su entorno, llámese ciudad, estado o país.

¿Por qué aparece en los jóvenes dicho rechazo en forma de apatía? Existirán diversas causas como diversos hombres y mujeres existen; pero podemos atribuir esta inconformidad debido a la imagen que nos presentan los políticos actualmente: y considerándome parte del cuarto grupo ya descrito, no puedo quitar la vista de lo que acontece alrededor de mí: políticos everywhere: unos debatiendo la reforma energética; otros más, donando para una causa religiosa gran cantidad de dinero de orden público; algunos otros en líos de orden familiar y filial; y así como temas vendrían a mi cabeza, del mismo modo aparecerían los políticos: no podemos separar a estos personajes de la vida mexicana de su quehacer diario: la política. Y así como hay malos ejemplos de políticos –situación que creo es la que ha convertido a la política, frente a la opinión popular, en un juego más para el ocio de los mafiosos – debemos reconocer que existen otros que saben muy bien desempeñar el puesto y que incitan a los jóvenes del segundo y cuarto grupo a pensar un poco más.

Por los malos políticos, esto es, malos no en un sentido moral, sino de responsabilidad laboral y social, los jóvenes se mantienen alejados de este quehacer; malos por que descalifican sin oír al otro; malos por engañar al prójimo, por fomentar el egoísmo sobre todo frente al bienestar común; pésimos, en fin, por separar, corromper y destruir el tan llamado futuro de México que representamos nosotros: ¿debemos quedarnos con los brazos cruzados? Las siguientes publicaciones tratarán de responder esta interrogante (que conforman, pues, la parte práctica de nuestro problema); mientras, sigamos revisando el esquema teórico que he desarrollado hasta este momento.[1]

Jesús Alberto Islas Aguilera

[1] Como notarás lector, este ciclo de publicaciones tiene un rumbo específico: si queremos un cambio en nuestro país, debemos trabajar desde dos puntos: uno teórico, ¿qué es lo que hay?, y el práctico ¿cómo cambiarlo?

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