Ya en la tercera publicación, que trató acerca de la postura de los jóvenes frente al quehacer político, así como en las dos últimas, se deja ver el tema que ahora quiero tratar. Parecerá ser repetición únicamente, pero el esquema se sigue manteniendo: ¿cómo cambiar México? Ya esbocé la practicidad que implica la política, así como la importancia de pre-ocuparse no por el alejado, por el lejano a nosotros, sino el que tenemos a un lado, el próximo, el prójimo; ahora, pasaré a trazar, en líneas generales, lo que pudiera plantearse respecto al ciudadano común, el hombre de carne y hueso que se enfrenta todos los días a una vida-con-los-otros.
Si algo reconocían los griegos era el apego y el arraigo hacia su ciudad, hacia su polis; es por ello que al hablar de ética, necesariamente enlazaban dicho concepto al de política (recuérdese el Critón de Platón, que habla de los últimos días de Sócrates, o la elaboración que aparece en la República o en la Ética a Nicómaco de Aristóteles); de donde resulta que el peor castigo que podía recibir un griego no era el de alguna condena penal, sino el de ser desterrado de su patria; este espíritu patriótico, en el sentido fuerte del término, fue heredado a la cultura romana, por demás pragmática, y tuvo gran eco durante algún tiempo.
Cuando Constantino toma la decisión de establecer la religión cristiana como la única del Imperio, no podemos decir absolutamente que ahí empezaron los problemas que darían con la caída del mayor imperio conocido por la humanidad; sólo trajo problemas de tolerancia, como atinadamente ha señalado Voltaire; la decisión problemática no fue esa, sino la concerniente a otorgar “la ciudadanía” o, mejor dicho, dar el carácter de “romano” a los extranjeros, con el fin inicial de agregarlos a las filas de la milicia, pero que tarde o temprano, provocaron la inclusión de extranjeros que daría la explosión del gran Imperio, de la roma antica.
Roma olvidó, pues, a sus ciudadanos, a los cives; al convertirse en un gran conglomerado de personas, ideologías y culturas, era lógico que no había cohesión y cualquier problema interno derivaría en una catástrofe; no pasaron más de 2 siglos para la caída del Imperio de Occidente, aunado, claro está, a muchos más excesos. Sin embargo, lo que se puede recuperar de la historia, no sólo como un cuento (los ingleses juegan con story & history), es la importancia que un pueblo, el griego, daba a su comunidad, y cómo, en Roma, por querer obtener otro tipo de beneficios, descuidaron las células básicas del órgano estatal, las civitas.
¿Y toda la lección histórica a cuento de qué viene ahora? Creo que tendríamos que recuperar esa civilidad, no entendida como adecuarse a los cánones establecidos como patrones normales de conducta en el grupo social al que pertenezcamos, pues estaríamos en presencia de adaptabilidad; tampoco quiero civismo, en el sentido de conocer los símbolos “patrios”, el himno nacional y fiestas conmemorativas de cada mes, o, como alguien recomendó alguna vez, saberse de memoria la estructura de nuestra Constitución Política; reclamo, solamente, civilidad que implica una convivencia pacífica, ordenada y consciente dentro de nuestra civitas, dentro de nuestra ciudad que derivaría en un compromiso colectivo.
Es frecuente oír en las marchas, en las aulas de clase, como en las facultades del área de humanidades (y no es por menospreciar, pues pertenezco a una), el grito de muchos por cambiar el sistema, el stablishment y la sociedad; ¿pero es qué ellos no pertenecen también a la sociedad? ¿Cómo gritan por un cambio si por ellos no ha empezado? No se trata de una descalificación, pero para hacer obras buenas, se debe empezar desde la casa; es imposible que otros cambien, sin antes haber cambiado nosotros mismos. Civilidad no debe ser únicamente votar los días señalados, asistir a reuniones partidistas o alistarse a la edad de 18 años al Servicio Militar Nacional, sino que puede empezar con acciones tan sencillas desde el hogar, el automóvil o al cruzar las calles. No reclamemos algo que ni siquiera hemos intentado realizar; no queramos hacer lo imposible, ni lo que no sabemos hacer, sino únicamente lo que nos es posible –y debemos – hacer.
Si algo reconocían los griegos era el apego y el arraigo hacia su ciudad, hacia su polis; es por ello que al hablar de ética, necesariamente enlazaban dicho concepto al de política (recuérdese el Critón de Platón, que habla de los últimos días de Sócrates, o la elaboración que aparece en la República o en la Ética a Nicómaco de Aristóteles); de donde resulta que el peor castigo que podía recibir un griego no era el de alguna condena penal, sino el de ser desterrado de su patria; este espíritu patriótico, en el sentido fuerte del término, fue heredado a la cultura romana, por demás pragmática, y tuvo gran eco durante algún tiempo.
Cuando Constantino toma la decisión de establecer la religión cristiana como la única del Imperio, no podemos decir absolutamente que ahí empezaron los problemas que darían con la caída del mayor imperio conocido por la humanidad; sólo trajo problemas de tolerancia, como atinadamente ha señalado Voltaire; la decisión problemática no fue esa, sino la concerniente a otorgar “la ciudadanía” o, mejor dicho, dar el carácter de “romano” a los extranjeros, con el fin inicial de agregarlos a las filas de la milicia, pero que tarde o temprano, provocaron la inclusión de extranjeros que daría la explosión del gran Imperio, de la roma antica.
Roma olvidó, pues, a sus ciudadanos, a los cives; al convertirse en un gran conglomerado de personas, ideologías y culturas, era lógico que no había cohesión y cualquier problema interno derivaría en una catástrofe; no pasaron más de 2 siglos para la caída del Imperio de Occidente, aunado, claro está, a muchos más excesos. Sin embargo, lo que se puede recuperar de la historia, no sólo como un cuento (los ingleses juegan con story & history), es la importancia que un pueblo, el griego, daba a su comunidad, y cómo, en Roma, por querer obtener otro tipo de beneficios, descuidaron las células básicas del órgano estatal, las civitas.
¿Y toda la lección histórica a cuento de qué viene ahora? Creo que tendríamos que recuperar esa civilidad, no entendida como adecuarse a los cánones establecidos como patrones normales de conducta en el grupo social al que pertenezcamos, pues estaríamos en presencia de adaptabilidad; tampoco quiero civismo, en el sentido de conocer los símbolos “patrios”, el himno nacional y fiestas conmemorativas de cada mes, o, como alguien recomendó alguna vez, saberse de memoria la estructura de nuestra Constitución Política; reclamo, solamente, civilidad que implica una convivencia pacífica, ordenada y consciente dentro de nuestra civitas, dentro de nuestra ciudad que derivaría en un compromiso colectivo.
Es frecuente oír en las marchas, en las aulas de clase, como en las facultades del área de humanidades (y no es por menospreciar, pues pertenezco a una), el grito de muchos por cambiar el sistema, el stablishment y la sociedad; ¿pero es qué ellos no pertenecen también a la sociedad? ¿Cómo gritan por un cambio si por ellos no ha empezado? No se trata de una descalificación, pero para hacer obras buenas, se debe empezar desde la casa; es imposible que otros cambien, sin antes haber cambiado nosotros mismos. Civilidad no debe ser únicamente votar los días señalados, asistir a reuniones partidistas o alistarse a la edad de 18 años al Servicio Militar Nacional, sino que puede empezar con acciones tan sencillas desde el hogar, el automóvil o al cruzar las calles. No reclamemos algo que ni siquiera hemos intentado realizar; no queramos hacer lo imposible, ni lo que no sabemos hacer, sino únicamente lo que nos es posible –y debemos – hacer.
Jesús Alberto Islas Aguilera
3 comentarios:
hola, soy pedro garcia y eh posteado en algunos articulos suyos, primero kiero decir k este articulo pues la verdad esta muy interesante ya que la historia esta hablando en estos momentos, el k olvide sus errores del pasado esta condenado a repetirlos, ahora, hablar de la sociedad pues siempre creara problemas, muchos nos quejamos y tienes razon, no hacemos el cambio que esta en nuestras manos y la vdd no te puedo discutir.
como segundo comentario quier decirlos a todos los miembros de este blog que pues ya antes habia creado uno con unos amigos k creo k conocen jejeje no es para tirarnos ni nada pk creo k ambos espacios se abren a la opinion y la critica y sobre todo el debate y pues si tiene tiempo opinen.
PD: si opinan y me dicen espurio no me enojo
Hello!!, I could finally came to your blog, I find your approach very interesting, especially to make the comparison between the Greek Polis and the current one, i hope are you ok, take care bye.
Me parece muy bueno tu artículo, y estoy completamente de acuerdo en lo que dices. El cambio debe comenzar por la casa, aunque más bien yo diría que por nosotros mismos.
Como lo esbozas más adelante, civilidad, como creemos, no refiere únicamente a sabernos el Himno Nacional al derecho y al revés. Un ejemplo, en mi escuela, estoy segura, la mayoría de los alumnos sabemos el Himno Nacional(Después de casi 12 años de entonarlo, debiera ser así).Sin embargo ¿Cuál es la actitud que tomamos los jóvenes ante este acto? Realmente es vergonzoso, y denota preocupantemente una tremenda indiferencia. El punto de ésto es que, ciertamente de los mismos jóvenes que te hablo, han salido infinidad de comentarios en contra del sistema. Culpan a éste del deterioro social y económico del País que junto con los gobernantes y las políticas públicas de éstos, México ya no dá para más.
Tampoco estoy diciendo lo contrario, o defendiendo al sistema, de hecho, considero que un cambio radical no haría daño, pero lejos de ésto, concuerdo contigo. Es algo ilógico criticar lo externo a tí cuando no empiezas por hacer algo por tí mismo, por intentar ser mejor.
Ojalá que los jóvenes realmente nos pusieramos las pilas e intentaramos una mejor convivencia social. ¡Vamos!, al menos en la cola de la cafe que, créeme, es mortificante escuchar gritos, insulttos y de repente, ¿Por qué no?, se te mete uno, dos, tres o quizás hasta te quiten tu lugar.¡Nombre, ya ni ganas te dan de pararte por ahí!
Muchas felicidades, ojalá haya muchos más chavos que te lean y que les caiga el veinte.
:)Cuídate mucho.
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